La Concertación esperaba que SP se tirará en contra de Bachelet, que hablara de privatizaciones, que hiciera un guiño a la UDI. Nada de eso pasó. El primer discurso del 21 de mayo de Sebastián Piñera estuvo marcado por un tono conciliador, que llamó a la unidad no sólo en las palabras. La estructura del texto lo validó.
Un texto que por tiempo no alcanzó a leer completo y donde los anuncios de deporte, cultura y otros sufrieron las consecuencias. La Esmeralda se hundió a las 12.10, los honores se cumplen puntualmente, razón por la que la ceremonia no espera a nadie, ni siquiera al presidente.
El discurso le dobló la mano a la Concertación o lo que queda de ella. La verdad es que entre la molestia de la UDI, los políticos díscolos del oficialismo y los sorpresivos apoyos de la nueva oposición hacen difícil definir con claridad quienes apoyan y quienes no. Las posturas cambian día a día. Son pocos los realmente leales en el Congreso.