Desde que comenzó el programa "Grandes Chilenos", sólo he visto el documental del Padre Hurtado. Impactante, bueno, la verdad es que ver su obra es emocionarse en forma permanente, es un nominado que tiene ventaja, en cada esquina está el rostro del Padre Hurtado y la obra del Hogar de Cristo.
No vi el de Salvador Allende, pero desde ya creo que no merece ser el ganador. Y mis razones distan mucho de las argumentaciones políticas o morales que aparecen cada vez que se debate sobre su figura. No vivi el 73 y sé de su desempeño como presidente por lo que he aprendido a través del colegio, la universidad y la lectura personal. Confieso que tengo bastantes reparos con el manejo que tuvo de su gobierno, pero esa no es la razón por la cual me opongo. Sólo hago una análisis básico, quizás demasiado básico de la situación: un personaje, que genera tanto fervor como rechazo, no puede ser elegido un Gran Chileno. Su figura al igual que la de Pinochet, y no estoy comparandolos, divide, provoca peleas, discusión y debate. Para una mitad de Chile fue un gran presidente, un martir, un hombre ejemplar, un líder, un héroe, para la otra mitad fue un comunista, sometido a la Unión Soviética, que estuvo a pasos de hundir econmicamente al país y que estimuló la violencia a través de grupos disidentes tratando de buscar su revolución democrática.
Sin entrar analizar ninguno de los puntos a favor ni en contra, puedo decir que no estoy de acuerdo con que gane. Quien sea elegido el Gran Chileno, debe ser un personaje que genere respeto y admiración por la gran mayoría de los chilenos, con la mitad no es suficiente. Eso con Allende no pasa y el hecho de que en las votaciones esté ganando e incluso supere a Prat no es reflejo de la visión y opinión que tiene un país.
La fidelidad hacia Allende pasa por la línea de la ideología, de visiones políticas, de lucha, confrontación y carencias. Hay muchos que nisiquieran querían Allende y pueden haber tenido los mismo reparos que yo sobre su gobierno y el paso de Pinochet les hizo imposible no solidarizar con su figura de presidente inmolado por la Patria.
Para muchos es un juego....pero con un resultado que podría seguir perpetuando un debate que para las nuevas generaciones ya no tiene sentido.